Es la primera vez que me pasa, te lo prometo.

Esa frase manida en muchas sitcom de la parrilla televisiva sólo indica una cosa: no es la primera. El 14 de diciembre, el gigante tecnológico Alphabet demostró una vez más que todos somos humanos. Desde las 12:50 del medio día hasta las 13:55h Gmail, Youtube y Google Drive dejaron de funcionar y parece que fue suficiente para entrar en pánico. Pero, ¿una hora realmente es tanto?

La tecnología se ha hecho compañera de viaje de la humanidad tanto que, llegados a 2020, se dan por hecho las cosas. A nadie se le ocurre pedir el fax; ¿alguien sigue usándolo? Ahora todo va por enlace de descarga. El poder de la nube es omnipresente. La tecnología te acompaña, te ayuda y te allana el camino para que puedas desarrollarte como un profesional del siglo XXI. Mr. Jetson estaría orgulloso de ver cómo hacemos reuniones virtuales, presentaciones en streaming y firmas de contrato digitales. Sin embargo, todo tiene un precio, y el nuestro ha sido acostumbrarnos.

Alrededor de una hora le bastó a Google para adentrarse en el ojo del huracán. Todas las miradas estaban sobre la gente de Sundar Pichai y las noticias y los memes, los grandes jueces de esta “Era del YA”, volaban por el propio internet que los de California habían ayudado a construir. La vida es así de irónica, pero nosotros no podemos dejarnos llevar por su cinismo. En una hora lejos de la tecnología no puedes hacer crecer un árbol ni preparar la comida de Navidad. En una hora no puedes hacerte un traje ni ver tu película favorita. Al final, no es tan grave. No es la primera vez que pasa. Pero no pasa nada, cariño. Le puede pasar a cualquiera.

Desde luego que todos pudimos notar el problema de Google, pero no todo el mundo ha podido ver más allá. Durante esa hora interminable, según muchos, las monitorizaciones de los servidores despertaron las alarmas. Los programadores en Googleplex no pararon de revisar códigos. Su servicio de atención al cliente no colgaba una llamada y ya respondía otra. En resumen, una de las empresas líderes del Nasdaq se focalizaba sólo en un punto: solucionar el problema. Y no es que nosotros tengamos línea directa con los jefazos de la empresa (sólo tenemos su fax…), sino que nos dedicamos a ello. En Atlantic llevamos casi 30 años haciendo que esos problemas no quiten el sueño.

¡Aquí tenemos la solución!

El momento tecnológico en el que vivimos es fantástico y lo mejor aún está por llegar. Esos avances deben ser una ayuda para la raza humana que nunca puede olvidar ese factor: somos humanos. La empatía y la capacidad de relativizar es algo que la máquina no posee y de lo que podemos seguir disfrutando incluso en esas horas muertas…